jueves, enero 08, 2009

LLUVIA "SAGRADA" LA FRAGANCIA ESPERADA

Les decía, se venían días extraños.

Esta mañana de jueves, palestinos del Líbano dispararon cuatro cohetes Katyusha contra el norte de Israel. No hubo más que dos ancianos heridos por vidrios pero lo que se dañó acá es la cápsula del terror que todos llevamos dentro como aquellos personajes del Eternauta, los Manos, a los que una vesícula interna se les rompía cuando entraban en pánico.

¿Por qué? Simple. Siempre es difícil la guerra pero nunca es tan compleja como desde el momento en que se abre más de un frente. Aquellos que pregonan la destrucción de Israel ya detectaron cómo hacerlo: atacando a centros civiles durante días. Y si es de forma combinada, mejor.

Israel y Hamás, decía ayer, se encuentran a días de una tregua. Cuántos más van a morir en Gaza, no lo sé. Y cuántos acá, tampoco. ¿Y en el norte? Por el momento, Defensa dice que trata de un hecho aislado, de terroristas palestinos que operan "independientemente" de Hezbollah.

Nadie se la cree. Tiran y ven que pasa. Su vida, su martirio, los obliga a hacerlo. Su ideal de independencia y muerte se lo ordena. Tira y, si sobrevive, espera la reacción israelí.
Si Israel reacciona, miles de cohetes de Hezbollah empezarán a llover peor que en 2006, por más que estén los inútiles de la ONU.

La ONU, justamente, a quien alguno acusó de proisraelí, es un mono sabio. O los tres. No ve, no escucha, no habla. Tiene una de las milicias más poderosas del mundo, si no la más, detrás suyo. Una milicia de terror, de secuestro y muerte. De escudo humano y de prosa genocida.
Y la deja hacer. No interfiere para nada.


¿Y a dónde?


Yo estoy en un momento de tensión. No estoy acostumbrado a la guerra y ya me comí dos en cinco años y pico. Nunca me acostumbraré. No le temo a la muerte, sí al daño y odio las armas. Y soy un cagón, me puedo agarrar a piñas veinte veces sin drama pero no puedo empuñar un revólver.

Tuve la suerte de que los cohetes no explotaran en mi ciudad, pero eso no implica no estar en estado de guerra. Con el terror islámico, con los propios nervios y con las dicotomías que producen los conflictos armados.

Quiero aclararlo una vez más: soy argentino, judío, también israelí, me fui en 2003 y estoy en contra de la guerra.

Tengo que decir que me muero de miedo de que esto empeore, me tortura la culpa por la muerte de civiles palestinos y en especial chicos, me molesta que haya tantos civiles israelíes expuestos a los cohetes terroristas en el sur, ayer en el norte, ¿hoy en el norte?, mañana en Tel Aviv.

En algunos comentarios que publiqué y en otros que no -porque no soy un "sucio cerdo judío" (me baño a diario y estoy en mi peso) ni un asesino de niños (de niño maté unos cuantos insectos y hasta le arranqué los ojos a caracoles para después llorar a la noche)- se abrió el debate.

A saber. A mi no me molestan los intercambios de opinión ni soy un intolerante. Pero... si me venís a decir que Hamás es una milicia romántica, te mando a la concha de tu madre. Andá a visitar Palestina, si tenés huevos.

Esta noche se vuelve mi suegra a Buenos Aires después de dos meses y pico. Por primera vez vio y vivió la guerra en vivo y en directo, no a través de filtros. Vuelve de una pieza. ¿Seguirá desde allá el conflicto vía Clarín? Lo dudo.

Me rajo ahora, tengo que hacer la actualización de una mañana de terror. De una noche tensa. Y de una guerra que no dejará otra vez más que miles de cadáveres y papeles firmados.

Recuerdo: cese del fuego YA.

Hasta luego, cocodrilo.


Theres a killer on the road
His brain is squirmin like a toad
Take a long holiday
Let your children play
If ya give this man a ride
Sweet memory will die
Killer on the road, yeah


The Doors

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