lunes, enero 05, 2009

NO ALARM AND NO SURPRISES - EDICION ESPECIAL

Un soldado muerto y decenas de heridos. Un cohete que cayó en un jardín de infantes vacío. Una amenaza y movilización de tropas donde se teme alguna escalada con Hezbollah.

La falta de titulares contundentes y las malas noticias desmoralizan a los israelíes. Si bien hay un gran apoyo popular a la operación "Si veo dientes te emplomo", las dudas empiezan a corroer lentamente la confianza.

"Cientos de terroristas detenidos", "Decenas de túneles de contrabando bombardeados", "Gaza dividida en tres partes". Estos no son índices que eleven el optimismo aunque técnicamente sean pasos satisfactorios para mermar la capacidad terrorista.

Encima, el volumen de cohetes diarios caídos en Israel no disminuye en contra de las declaraciones de los muchachos del Ejército que dicen que se ha golpeado profundamente a la capacidad de ataque de Hamás.

Justamente Hamás, no deja de emitir arengas y de prometer "sorpresas" en las localidades más pobladas. ¿Qué sorpresas podrían deparar a los soldados?

Intento pensar en una sola: el Mickey Malo de Hamás pero de diez metros de altura.

¿Conocen al Mickey de Hamás?





Me imagino a los soldados entrando en, por ejemplo, Gaza City, en el downtown de la ciudad, y de golpe............ ¡FARFUR!

¡Ohhhhhhhhhhhhhhhh! Los aviones tiran, Farfur no siente el daño, resiste. Bue, es parte de la resistencia. Tiran y el caza los cazas en el aire. Los tanques le disparan pero el los pisa. Los soldados le tiran a los pies, Farfur los elimina de a miles.

Todo parece servido para el Mickey oriental. Escupe fuego e incendia los barcos. Se nutre de la red de electricidad de Gaza, de las torres de energía.



Obra de mi producción - No tiene precio mi talento

Pero... un momento. En medio del caos, del inflictivo castigo de Farfur a Israel, un israelí pequeño, de dos años de edad que resultó un experimento del Tejnión por su inteligencia superior, tiene una idea. Lo llevan a una planta de electricidad, baja el switch y debilita a Farfur.


La mole roedora empieza a tambalear. Trastabilla, las balas no lo afectan pero la sequía eléctrica sí. Va cayendo, tiene que caer, las sopresas duran lo que un pedo.


Bajo la horrenda música de Radiohead, la peor arma usada hasta el momento, Farfur caduca como efecto. Cae para no levantarse jamás. Su sangre es humus. Fluye, mana, cubre la superficie.
Los soldados, enardecidos por la victoria, se acercan al manantial humeante. Bajan las armas. Detras de las nubes de humo, los de Hamás se van asomando y ven a su golem desactivado, desangrándose, inundando todo con su pasta de garbanzos, con su simiente de tjina brotando en una mezcla de muerte y placer sexual-culinario.


Ambos lados se acercan a ver que el milagro de la paz está pronto. Sólo falta el cuerpo de cristo para sumergirlo en el humus.


De repente, una lluvia de pitas (pan árabe) cubre el espacio. Caen calentitas, a punto, sobre la "sangre" de Farfur. Israelíes y palestinos se abalanzan, se abrazan, se sumergen en el tradicional sabor. Se dan cuenta de que pueden vivir como vecinos mientras haya para comer. Humus, por supuesto.

El Medio Oriente entero se soluciona con un plato tradicional. Los pedos son propios, los garbanzos son ajenos.


No me drogué. No me escabié. No enloquecí. Saquen la parte "con su simiente de tjina brotando en una mezcla de muerte y placer sexual-culinario." y verán que imaginé un cuento para contarle a una hija mayor que todavía no tengo.


Lo que sí, qué suerte la mía de todavía no tener que explicarle que es esto de la guerra de ayer, hoy y mañana. Ni siquiera con cuentitos pacifistas.


Hasta pronto y cese del fuego YA. Con condiciones, lo que quieras, pero YA.

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jueves, agosto 09, 2007

ANOTHER KICK IN THE BALLS

Esta semana ocurrió algo dramático. Impactó una de esas balas que pican cerca y que llaman a un momento de reflexión.

El domingo, a poco de llegar a la redacción, comenzó a haber una convulsión interna y gente de diferentes departamentos se sumergió en una marea dramática de llanto y desesperación.
Narrando en presente: La primera información que recibo en el medio del caos es que el novio de una de las chicas, que trabaja en el 1° piso con las revistas en hebreo, se había suicidado.

Siempre que escucho suicidio, que es un titular que vende tanto como asesinato o sobredosis, me invade la duda acerca de sí el hecho en sí fue realmente un "qquitarse la vida" o si hubo algún otro móvil detrás.
-"Tomó pastillas y se suicidó", me dice alguien. -"No, se murió del corazón", declara otro. Y así, especulaciones consecutivas en medio de la angustia.
Pasaron algunas horas y el revuelo era insoportable por la carga negativa de la noticia. Alguno se atrevió a bromear -recurso válido para mí y me banco las críticas- pero nada podía haber sido peor para comenzar la semana, que si encima empieza un domingo...

En resumen, la víctima, un publicista de 34 años, se había comprometido con mi compañera de trabajo tres días antes. Con anillo y todo.
El fin de semana, para festejar, fueron a una fiesta. Se tomaron algún tipo de droga sintética -aquí especulaban con el Extásis- en formato pastilla y entre euforia y colapso energético se fueron a dormir. El tipo nunca se despertó porque le falló el corazón.

Esta es la primera vez que sé de alguien cercano que muere a causa de las drogas. Esto no quiere decir que niegue la gente se muera por ellas pero esta vez fue la que más cerca me tocó.
En ese momento me puse a pensar cuántas de las cosas que uno piensa que no le van a tocar -directa o indirectamente- le tocan.
Aquí cayó una de esas situaciones que uno siempre relaciona con lo ajeno: sobredosis de un amigo, abortos, muertes prematuras, cambios de sexo, violaciones, la montaña rusa que se le afloja un tornillo o un cáncer de pene.

Y me volví a dar cuenta que los invulnerables no existen y que todos padecemos la vida misma, que no nos conforma con un documental que muestra a los pingüinitos bebés protegidos por sus mayores o la propaganda de Telecom del tipo y la beba resucitada esta semana en La Nación on line.

Y me puse a pensar en la piba, muy macanuda, con la que a veces nos fumamos unos cigarrillos en la escalera y a la que le gusta la misma música que a mi. Que estaba enamorada, según ella, por primera vez y por eso mostraba el anillo en todas partes.
La chica está destruida y para más detalles, me dijeron que en el entierro estuvo tirada en el piso del cementerios. Horror, pobrecita.

Lo cursi sería decir que llegué a mi casa y abracé a mis mujercitas con fervor, casi como en una escena de Héctor Gagliardi. Y sí, lo hice. Y miré el reloj como Monzón con Briscoe.

Se viene el fin de semana y con él definiciones. Que playa, que parque, que hummus, que hattrick.
En otra línea, pienso que me llenaría de plata en verano vendiendo remeras con el lema "No a las cagaderas, sí a la pita".

Ahí se ven.

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